Timidez y fobia social

Escribe: Lic.Ps. Soledad Baccino

¿Qué es la fobia social?

Todos conocemos personas que hablan poco en reuniones sociales, se sienten incómodos cuando otros les hacen bromas, se ponen colorados, son muy complacientes con los demás, prefieren tomarse un café frío en lugar de pedirle al mozo que se lo cambie, etc. Habitualmente denominamos tímidas a las personas que presentan estas y otras características similares. Podríamos decir, en pocas palabras, que la fobia social es una timidez exacerbada.

La fobia social es un miedo intenso a ser observado y juzgado negativamente por los demás, en situaciones sociales. NO se trata solamente de inhibición frente a los demás como en la timidez, sino de un temor tan intenso que provoca un gran malestar y en algunos casos lleva a las personas a evitar dichas situaciones.

Hay personas que centran su miedo a ser observados y juzgados en algunas situaciones, dando lugar a lo que se ha denominado fobia social discreta o no generalizada. Algunos ejemplos pueden ser: hablar en público, encuentros con el sexo opuesto, ir a reuniones sociales, escribir delante de otros, comer delante de otros, entrar en una habitación llena de gente o cuando los demás ya están sentados, etc. Otras personas en cambio, generalizan su miedo a ser observados y juzgados en todas o casi todas las situaciones sociales, dando lugar a la fobia social generalizada o difusa.

Quienes padecen fobia social, cuando se ven expuestos a las situaciones temidas experimentan ansiedad, caracterizada por diversos síntomas:
Síntomas fisiológicos: palpitaciones, temblores, sudoración, náuseas, tensión muscular, sequedad de boca, dolor de cabeza, etc.
Síntomas cognitivos: miedo a hacer el ridículo, vergüenza, miedo a perder el control, deseos de escapar de la situación, etc.

La persona con fobia social suele vincular lo que ocurre a su alrededor consigo misma. Por ejemplo: “ese chiste lo hizo por mí”, “se callaron porque entré yo”, lo que se denomina pensamiento autoreferencial. Esta manera de interpretar las situaciones conlleva una evaluación distorsionada de la realidad. Uno de los síntomas más significativos de esta evaluación distorsionada es la creencia de que se es el centro de atención, en situaciones en que es poco probable que esto suceda. Algunos pacientes han relatado: “… me aguanté las ganas de ir al baño por no levantarme y caminar en el medio de la reunión…” “… sentía que todo el mundo me iba a mirar a mí, como si tuviera una luz roja que hiciera que todo el mundo me mirara”.

El fóbico social intentará entonces EVITAR las situaciones sociales que teme. Para ello utilizará todo tipo de excusas: “no puedo ir porque estoy enfermo”, “ya tenía un compromiso”, “tengo que quedarme en casa cuidando a mi hermano pequeño…”. Esta evitación puede conducir al aislamiento social.

QUIÉNES PUEDEN PADECER FOBIA SOCIAL?

Existen rasgos de personalidad que predisponen o facilitan el desarrollo de una fobia social. Algunos de ellos son:
> Excesiva preocupación por recibir la aprobación de los demás.
> Hipersensibilidad a la crítica.
> Acentuada timidez.
> Pocas habilidades sociales, lo que en Psicología se denomina falta de asertividad.
> Estilo de pensamiento autoreferencial negativo.
> Baja autoestima.

La baja autoestima, que habitualmente se traduce en la creencia de que se poseen menos habilidades que los demás, no solo es un claro factor predisponente, sino que también puede ser una consecuencia de la fobia social. Es un factor predisponente porque si nos creemos menos capaces que los demás, fácilmente desarrollaremos la creencia adicional de que hacemos las cosas peor que los demás, lo cual es terreno fértil para volver creíble la crítica ajena. La baja autoestima también puede aparecer como consecuencia de la fobia social ya que este trastorno lleva a las personas a aislarse, a vincularse cada vez menos y por ende a tener menos oportunidades de comprobar de qué son capaces.

EFECTOS

Estas personas Sufren mucho a causa de su problema porque desean relacionarse normalmente y no pueden hacerlo, sintiéndose muy sólas y fracasadas. Les resulta muy difícil formar pareja y hacer nuevas amistades, ya que ven a las personas como potenciales jueces críticos de su desempeño. A nivel laboral, algunas personas se ven obligadas a rechazar trabajos que impliquen atender al público, hacer presentaciones ante otras personas, entre otros.

COMORVILIDAD

Se ha observado una clara correlación entre fobia social y otros trastornos, siendo los más comunes depresión, disfunciones sexuales ante relaciones nuevas, alcoholismo y abuso de sustancias.

Es esperable que en una persona que se vea tan limitada en las relaciones con los demás, y por tanto con menos redes sociales de apoyo y con menos actividades gratificantes, aparezca la depresión. También lo es que recurran al alcohol u otras drogas para “deshinibirse” o para calmar la ansiedad. Se ha corroborado que las personas con fobia social tienen más del doble de riesgo que la población general de padecer problemas de alcoholismo.

También se ha observado que en casos de disfunciones sexuales ante relaciones nuevas, el origen del problema es una fobia social, siendo las más frecuentes la disminución del deseo y el vaginismo.

En los casos más graves de fobia generalizada, en los que la persona no recibe un tratamiento adecuado, este trastorno puede traer como consecuencia el suicidio.

PREVALENCIA

Aunque originalmente era considerada una alteración relativamente rara, la fobia social actualmente afecta al 3% de la población en algún momento de su vida, siendo igualmente común en hombres que en mujeres. Se estima que menos del 25 % de los afectados reciben tratamiento.

Aparece casi siempre en la adolescencia o niñez. Aproximadamente el 40% de las fobias sociales aparecen antes de los diez años y un 95% antes de los veinte.

TRATAMIENTO

El tratamiento que ofrecemos se propone como principal objetivo, que las personas adquieran las estrategias necesarias para enfrentar de manera gradual y adecuada, las situaciones interpersonales antes temidas y evitadas.

Así como aprendimos a sentir ansiedad y preocupación ante situaciones sociales, la terapia se convierte en un proceso de aprendizaje, o mejor aún, de reaprendizaje de estrategias que nos permitan enfrentar tales situaciones con tranquilidad e incluso disfrutar de ellas.

Para ello enseñamos a los pacientes distintas técnicas (respiración, relajación muscular, reestructuración cognitiva), que tienen por finalidad disminuir los síntomas de ansiedad. Posteriormente mediante juego de roles y otras técnicas, se ensayan en el consultorio las situaciones que a cada paciente le crean dificultades.

Las pautas de tratamiento mensionadas se adecuan a cada persona, teniendo en cuenta su historia, sus rasgos de personalidad, la existencia o no de comorbilidad con otros trastornos, así como los factores que en cada caso contribuyeron a desarrollar y mantener el problema.

En muchas oportunidades se complementa el tratamiento con instancias grupales, en las que participen varias personas con este trastorno. Estas instancias le permiten a cada paciente comprobar que no es el único que padece el problema, y aprender de los otros y con los otros, a desenvolverse en diversas situaciones sociales.

A lo largo del tratamiento se promueve la generalización de todo lo aprendido durante el proceso terapéutico, a la vida cotidiana.

En suma, el reconocimiento y tratamiento temprano de este trastorno, evita el surgimiento de complicaciones adicionales y mejora significativamente la calidad de vida.