Preocupaciones obsesivas

Escribe: Lic. Ps. Juan Redín

Dentro de la amplia gama de trastornos de ansiedad, entre los que se encuentran las fobias, la ansiedad generalizada o los ataques de pánico, se ubica el trastorno obsesivo- compulsivo. Antiguamente -y aún hoy en día- la gente suele referirse vulgarmente a quienes lo padecen como “maniáticos”: maniáticos del orden, de la limpieza, del trabajo, de los horarios. Dichas personas llaman la atención entre sus amigos o parientes por repetir una y otra vez ciertas conductas siempre del mismo modo exacto o a la misma hora.

Pueden verificar varias veces que han cerrado la puerta de su casa, prender y apagar la luz de su dormitorio, tocar ciertos objetos, repetir ciertos gestos o incluso palabras.
Si bien el orden o la rutina es algo común e imprescindible para vivir, los individuos que padecen este trastorno parecen presos de sus propios actos. Un intenso malestar se apodera de ellos si no pueden cumplir sus rituales y ciertas ideas intrusas los atormentan cada día. Llamamos compulsiones a aquellas conductas repetitivas y obsesiones a las ideas repetitivas.

Las ideas que sufren los obsesivos pueden ser muy variadas y reñidas con la lógica: pueden tener el temor de dañar a sus hijos o a personas queridas, haber cometido una falta grave, haber olvidado algo o insultado a alguien, haber ofendido a alguien respetado o querido, haberse contaminado con algo.

La base de su sufrimiento es que estos pacientes pueden reconocer lo irracional de estos temores: saben que quieren a sus hijos o amigos, saben que no han ofendido a nadie, saben que no han cometido una falta y sin embargo dudan. Obsesiva y compulsivamente intentan reasegurarse de sus actos repitiéndolos, pero las ideas vuelven con mas fuerza y los rituales se intensifican

El ciclo que se forma entonces se podría resumir de la siguiente manera:

1- Una persona aquejada de ideas obsesivas experimenta un gran malestar: “habré dejado el gas abierto?”
2- Para calmar el malestar, el obsesivo se reasegura de su conducta: verifica la llave del gas y se tranquiliza.
3- Pero la idea vuelve y el malestar, que había disminuido, aumenta nuevamente haciendo necesaria la repetición del ciclo.

En ciertas ocasiones la conducta que calma el malestar no tiene relación con la idea peligrosa: los obsesivos recurren a rituales mágicos y calman su ansiedad mediante conductas que nos pueden sonar disparatadas. Una simple palabra pensada varias veces o repetida en voz alta , un movimiento especial de la mano o un gesto hacen que su malestar disminuya transitoriamente. De esta forma un paciente atemorizado por la posibilidad de dañar a sus hijos repetía sus nombres en silencio “anulando” así la posibilidad de que esto sucediera. Aunque nos suene descabellado debemos tener en cuenta que los actos mágicos o rituales son comunes en muchas personas. Ejemplo de esto son las cábalas o las promesas. En la enfermedad sin embargo la acción se exacerba hasta el limite y la vida para un obsesivo se convierte en una seguidilla de ideas y actos incoherentes , cansadores y limitantes.

En su máxima expresión el obsesivo se paraliza, ya no puede trabajar o disfrutar. Sus temores aumentan y consumen su energía. Un paciente lava sus manos muchas veces por temor a estar contaminado, un paciente repite sílabas o palabras para evitar que alguien querido muera, otro paciente toca determinados objetos . La lista de rituales es tan larga como se pueda imaginar.

¿De donde surgen las ideas y Porqué vuelven una y otra vez?

El intenso malestar que sienten los obsesivos se llama ansiedad y cualquiera de nosotros la experimenta diariamente. Ante un peligro real o imaginado nuestro cuerpo se prepara mediante diversos cambios fisiológicos para atacar o huir del peligro. Nuestro pulso aumenta porque nuestro corazón necesita mandar mas sangre a los músculos, nuestra respiración se acelera, las pupilas se dilatan.

Estos cambios adaptativos que nos protegen del peligro se vuelven sin embargo muy molestos cuando la respuesta se activa constantemente ante temores irracionales o ilógicos. Ignorando que sus temores tienen una baja probabilidad de ocurrir, los obsesivos activan su respuesta de ansiedad al entregarse a largos pensamientos sobre aquellos desastres que podrían ocurrirle. A diferencia de otras personas los obsesivos no soportan la incertidumbre propia de la vida, ellos quieren estar seguros, controlar el ambiente, disminuir la incertidumbre del futuro al máximo.

Sus ideas, al igual que las de todos, son propias de los miles de asociaciones que los seres humanos realizamos diariamente con la información que obtenemos. Si leemos en un periódico que alguien ha sufrido un accidente podemos imaginar que algo similar nos puede suceder algún día, si nos enteramos que alguien ha enfermado podemos temer que nos suceda lo mismo. Sin embargo dichos pensamientos o ideas son rápidamente descartados, sustituidos por otros u olvidados. El paciente obsesivo sin embargo se entrega al análisis de los mismos. En su esfuerzo por combatir las ideas que lo atormentan, el obsesivo analiza sus pensamientos cada vez mas minuciosamente y jamás llega a una conclusión. Generalmente cuando llega a la consulta se avergüenza de sus ideas y teme compartirlas por miedo a ser considerado un loco.

El proceso terapéutico es lento y requiere medicación pero es efectivo. La ansiedad es el núcleo de este trastorno y en la terapia el paciente deberá aprender a manejarla con técnicas de relajación, deberá aprender a distinguir sus ideas ilógicas, a no luchar contra ellas, a asumir la incertidumbre que depara el futuro, en definitiva a liberarse de sus temores.