Estrés

Escribe: Lic. Ps. Verónica Orrico

El uso del término estrés se ha popularizado en los últimos tiempos, sin que la mayoría de las personas tengan claro en qué consiste. Quien lo conceptualizó por primera vez fue el Dr. Hans Selye (1926), que lo definió como “una respuesta no específica del organismo ante una demanda que se le hace”

La Organización Mundial de la Salud define al estrés como “un conjunto de reacciones fisiológicas que preparan al organismo para la acción”

En la actualidad han cobrado auge las teorías interaccionistas del estrés que plantean que éste es el resultado de la interacción entre las características de la persona y las demandas del medio. Se considera que una persona está en una situación estresante cuando se enfrenta a circunstancias que conllevan demandas que le resulta difícil realizar, es decir depende tanto de las demandas del medio como de sus propios recursos para enfrentarse a él (Lazarus y Folkman, 1984). Avanzando un poco más, de las discrepancias entre las demandas externas o internas , y la manera en que el sujeto percibe que puede dar respuesta a esas demandas (Folkman, 1984).

El estrés laboral, por ejemplo, es el resultado de la percepción del trabajador de que las demandas de su actividad profesional superan sus propias capacidades. Esta percepción puede ser debida a factores objetivos y/o subjetivos.

Es importante diferenciar entre estrés normal (popularmente llamado ansiedad) y estrés patológico. Este último se define como el conjunto de efectos fisiológicos y psicológicos que se producen en el organismo por la exposición prolongada a situaciones que provocan ansiedad.
Si bien el estrés esta considerado como uno de los grandes problemas del ser humano en la actualidad, en realidad es un mecanismo de defensa natural, heredado de nuestros antepasados y constituye una respuesta adaptativa que, en circunstancias de peligro, favorece nuestra supervivencia.

El estrés adaptativo, también llamado eustres, produce una serie de cambios transitorios en nuestro organismo: El corazón se acelera, en el hígado se produce la síntesis y liberación de azúcar para usar nuestra musculatura; La capacidad respiratoria aumenta para captar mas oxígeno, el cual se distribuye más rápidamente por nuestro cuerpo, nuestras pupilas se dilatan. En definitiva nos volvemos mas rápidos, mas ágiles, mas fuertes para reaccionar frente al peligro: salir corriendo (huir) o atacar.

El problema aparece cuando estos cambios se producen en situaciones que no suponen un peligro real: una discusión, objetivos de trabajo demasiado exigentes, problemas familiares o económicos. La reacción ya descripta se dispara frecuentemente y nuestro organismo empieza a reaccionar ante tanta exigencia: empieza a enfermar. Es lo que llamamos estrés crónico o distres.
Estrés patológico o distres

Podríamos definir al distres como un estrés desagradable. La respuesta de estrés se vuelve frecuente e innecesaria, aparecen síntomas tales como dolor de cabeza, tensión muscular, cansancio, gastritis o diarreas, hipertensión arterial, irritabilidad, depresión, insomnio, etc.

Las personas que padecen estrés suelen asumir demasiados compromisos, son muy exigentes consigo mismas, intentan hacer todo perfecto, piensan excesivamente en sus problemas o en el futuro y evitan tomar decisiones.

Hoy, a principios del siglo XXI, el flagelo es el estrés. Las investigaciones muestran que una de cada diez personas es víctima de estrés crónico, aunque generalmente no consultan por el estrés sino por las consecuencias que este provoca en su salud.
¿POR QUÉ SE PRODUCE EL ESTRÉS?

El desarrollo científico ha generado avances que han permitido aumentar nuestra expectativa y calidad de vida.

¿Cómo explicar entonces que haya tantas víctimas del estrés?

La respuesta está en la palabra CAMBIO. En el cambio acelerado de nuestra sociedad, en la incertidumbre que estos cambios generan, y en la imprescindible necesidad de adaptación que esos cambios nos exigen.

Estresores

Son muchos y muy diversos los cambios que pueden desencadenar estrés, y estos varían de una persona a otra. Pueden ser: enfermedad o muerte de seres queridos, pérdida del empleo, ascenso en el trabajo, divorcio, un robo, nacimiento de un hijo, etc.

Comopodemos observar, puede tratarse de situaciones agradables o negativas, pero que ponen en juego nuestra capacidad de adaptación a los cambios. Por otra parte, cabe aclarar que no son las situaciones en sí mismas las que provocan estrés, sino la manera en que cada persona las interpreta y los recursos psicológicos y sociales con que cuenta para enfrentarlas.

También puede tratarse de situaciones problemáticas imaginarias. Por ejemplo: imaginarse qué pasaría si perdemos el trabajo, si nuestra pareja nos deja, si nuestro hijo/a tuvo un accidente, etc. La imaginación es poderosa y produce casi los mismos efectos que la realidad.
Efectos del estrés

El estrés sostenido afecta de manera significativa la vida de quienes lo padecen. Una persona estresada tiene más probabilidades de tener alguna de las enfermedades denominadas psicosomáticas, sus relaciones interpersonales se deterioran y las investigaciones muestran una clara correlación entre estrés y trastornos de ansiedad.

Algunas enfermedades provocadas por el estrés son:
Problemas digestivos, hipertensión, alteraciones respiratorias, dolores de cabeza y cervicales, soriasis, alopecia, trastornos de ansiedad, cuadros depresivos, insomnio, disfunciones sexuales.
Cómo enfrentar el estrés

El malestar que produce el estrés hace que intentemos distintas estrategias para reducirlo, no siempre las más adecuadas. Algunas conductas perjudiciales son el abuso de alcohol o de psicofármacos, comer descontroladamente, adicción al trabajo, sexo compulsivo, entre otras. Estos comportamientos proveen una cierta forma de alivio transitorio. Aunque al principio no parecen ser peligrosos y además socialmente no suelen ser mal vistos, se convierten en perjudiciales: disminuyen la capacidad para resolver los problemas, generan nuevos problemas,y en consecuencia, más estrés.

Estrategias saludables

A nivel personal se vuelve necesario modificar nuestro estilo de vida, reduciendo las obligaciones y dedicando mayor tiempo libre para actividades gratificantes y para la práctica de ejercicio físico. Cosas sencillas como decir “no” con mayor frecuencia suelen ser útiles para disminuir el estrés.
Dejar de traernos el trabajo y sus problemas a casa, seguramente nos ayudará. Todos necesitamos un tiempo de descanso, de intercambio social y de ocio.

Manejo del tiempo
Debemos comprender que siempre tenemos tiempo, el tema es cómo lo usamos. Planificar nuestras actividades estableciendo prioridades y dejando tiempo para imprevistos, nos ayudará a aprovechar el tiempo de manera más efectiva.

Enfrentar los problemas
Muchas veces evitamos resolver los problemas en la creencia de que se resolverán solos con el tiempo. Pero como lamentablemente esto no sucede, es más saludable enfrentarlos, e incluso pedir ayuda si no podemos hacerlo solos.
La vida es algo para disfrutar, no una competencia.

Vale la pena intentarlo!